Proteger la Industria Nacional es una de las falacias que se utilizan con mayor frecuencia en nuestro país. Apelando al nacionalismo, se convence a la sociedad acerca de los beneficios económicos derivados de la protección de la industria nacional.

Proteger la industria no va más allá de proteger a unos pocos, a aquellos grandes empresarios que se valen en gran medida del contrabando y prácticas desleales, manejando a su antojo el mercado, utilizando a su favor la fuerza del aparato estatal, creando de esa manera mercados cautivos en donde el mayor perjudicado es el consumidor final.

Recientemente, la Dirección Nacional de Aduanas, apoyada fuertemente por los grandes “empresaurios” de la nación , bajo la gran falacia de proteger la industria y frenar el “nuevo contrabando” han decidido gravar impuestos a las compras por internet, en una primera fase del 13 al 35%. Si bien no existen estudios o registros acerca del volumen e impacto de compras por internet en la economía, según un informe de Pro Desarrollo, el contrabando y la evasión de impuestos en el Paraguay, supone que el volumen supera el 40% del PIB nacional.

Al respecto, la mayor parte de este contrabando es realizado por grandes empresas, las cuales buscan, además de manipular la información entregada a la ciudadanía, ejercer la coacción necesaria para forzar al individuo a consumir solo lo que represente un beneficio a su propio interés, obviando la libertad de elección de cada uno de nosotros. Bien decía Javier Milei “Están los empresucios que afanan con el Estado, los empresarios que negocian con el Estado y están los empresarios”.

En Paraguay nos jactamos de poseer una de las presiones fiscales con menos restricciones arancelarias, sin embargo continuamos con estas prácticas impositivas que constituyen una violación a nuestra libertad. Nos jactamos de una economía de libre mercado, pero con las recientes actividades, tenemos mucho en que pensar.

Si la intención es que el Paraguay se constituya como un mercado emergente ¿Es necesaria la imposición de nuevos tributos?

¿Estuvo el Gobierno consciente de la gran cantidad de pequeños productores que fueron afectados con estas nuevas medidas? La respuesta es sencilla y contundente, NO.

Bien decía Churchill “Una nación que intente prosperar a base de impuestos es como un hombre con los pies en un cubo tratando de levantarse tirando del asa”. Entonces bien, si el objetivo principal es elevar el nivel de vida y disminuir la pobreza ¿Por qué debemos sacarles a algunos para darle a todos?

Apelando a la falacia de la redistribución de la riqueza no logramos despegarnos del circulo vicioso, el pequeño emprendedor tratando de avanzar queda supeditado a pagar un robo encubierto llamado impuesto. Es imposible mejorar el propio nivel de vida cuando los grandes porcentajes de robo disminuyen tus ganancias y por ende tu capital a invertir en cualquier otro bien.

El ciclo se repite con cada pequeña transacción económica , desde la compra de un traje a la compra de un caramelo, generando riqueza para el estado y los grandes evasores de impuestos, y generando pobreza para el resto de la población, generando nuestra propia desgracia.

A modo de ir concluyendo, en lugar de “proteger la industria” como se promulga, la realidad es distinta, se imponen trabas al comercio internacional y se desalienta a los pequeños emprendedores a seguir con su negocio, lo cual beneficia únicamente a los grandes empresarios asentados desde años en nuestro país, estableciendo las condiciones necesarias para la consolidación de oligopolios, a los cuales estamos encadenados y sometidos.

Un estado muy presente, más de lo deseado para aquellos que amamos a la libertad, busca esquilar al pequeño inversor, imponiendo gravámenes a aquellos que desean progresar, con el único objetivo de aumentar el recaudo nacional para mantener al creciente planillerismo a costa de nuestros bolsillos, bien decía Milton Friedman “Tenemos un sistema que cobra cada vez más impuestos al trabajo y subsidia el no trabajar”.

Las imposiciones de impuestos a la compra vía web constituyen de esta manera no solo a una desviación de comercio y destrucción del pequeño productor, sino también una violación a la libertad individual de elegir el precio, productor o producto que resulte más conveniente a nuestra propia economía.

Es necesario, dejar de pensar de este modo solo en los sujetos A y B, debemos incluir en este plano al sujeto C, que bien pudiera ser cualquier pequeño inversor, o incluso nosotros mismos, de nosotros depende defender nuestra propia economía, de nosotros depende desalentar el expolio legal. Digamos no a los impuestos, no a la coacción estatal.

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