Artículo escrito por Lucas Berlanza, Presidente – Director del Instituto Liberal del Brasil. El artículo original puede encontrarlo aquí.

El empresario João Luiz Mauad, antiguo columnista del Instituto Liberal, puntuó recientemente, con mucha propiedad, que el gobierno necesita mucho más de críticas que de aplausos. Estoy de acuerdo con él. Sin embargo, ante la reunión de la Comisión de Constitución y Justicia para discutir el proyecto de la Nueva Previdencia, me siento obligado a, simultáneamente, hacer valer la excepción del elogio y la regla de la crítica.

Pablo Guedes es un verdadero monstruo, en el sentido más positivo de la palabra. Sólo eso podría definir la estatura moral de un hombre con su bagaje profesional e intelectual, su conciencia clara de la misión en la que está investido para luchar por nada menos que la viabilidad económica del país, que, acumulando tales predicados, se dispone a soportar las embestidas deprimentes de figuras que allí están como representantes electos de la sociedad.

Poco necesita ser dicho sobre parlamentarios capaces de, discutiendo el tema más importante del momento, tratando de la reforma más urgente de todas, dirigirse a un ministro de Estado de cabellos blancos como «tchutchuca» o «tigre». Se trata del género de comportamiento, por el que nuestros padres y abuelos probablemente nos darían pechos serísimos en la infancia, pero barbados lo están practicando a ojos de toda la sociedad sin ningún rubor.

El momento más impactante, por el que extendemos al ministro nuestras felicitaciones, fue aquel en que «trató» a los parlamentarios petistas – y los que ya lo fueron y de cuyas almas la sustancia del miasma petista no salió, como el alegre líder de la oposición Alessandro Molon , hoy en el PSB – con la más aplastante dosis de la verdad, de aquella verdad que duele de tan verdadera. O haría daño, si esos diputados petistas tuvieran algún principio u honor.

El ministro falló el número de años en que los petistas estuvieron en el poder – cuatro mandatos nunca darían 18 años. ¿A quién le importa? Se volvió detalle el lapso matemático delante del conjunto de la obra:

«Ustedes tuvieron cuatro mandatos en el poder, ¿por qué no pusieron impuesto sobre dividendo, por qué dieron beneficio para millonario, por qué dieron dinero a JBS, por qué dieron dinero para el BNDES? ¿Por qué? Ustedes estuvieron en el poder. Estamos hace tres meses, ustedes han estado 18 años en el poder y no han tenido el valor de cambiar. No pagaron nada, no cortaron dividendos.

Los críticos apuntaron en el ministro la falta de liturgia con que se refería a los parlamentarios como «ustedes» – y tengo gran respeto por la liturgia, pero tales administradores de la desgracia nacional bien que no merecen la deferencia que ella recomendaría – y cuestionaron la utilidad de ese tono duro para quien pretende articular y conciliar en la base del diálogo para conquistar la aprobación de las reformas.

Personalmente, no creo que el ministro perdió ni ganó voto alguno con dichas declaraciones. La secta petista no apoyará la Reforma de la Previdencia del gobierno Bolsonaro, tal como no apoyaron nada que fue efectivamente positivo e imprescindible para Brasil. No hay que esperar eso de ellos, tampoco hay esfuerzo fructífero para convencerlos de ello. Honestamente, me siento representado y aplaudo.

No puedo hacer las mismas consideraciones positivas sobre la actuación del Partido Social Liberal. En los últimos días, empezando por haber rechazado, en su mayoría, siguiendo orientación partidaria, a votar favorablemente a una enmienda parlamentaria que permitía – facultaba, no obligaba – la devolución de sobras no utilizadas del fondo partidista al Tesoro Nacional, los representantes de la leyenda del gobierno están proporcionando muchos motivos para la decepción. A tal enmienda es el mínimo razonable: no va a usar, devuelva. En ese aspecto, el Partido Nuevo tiene toda razón. No permitir eso es el cúmulo de irrazonable, sólo comprensible en un país que cultiva el desperdicio y las legislaciones insanas.

En relación a la CCJ, los parlamentarios del PSL necesitan estudiar y asumir la defensa de la propuesta más urgente del gobierno que fueron elegidos para sostener con más contundencia. Pablo Guedes puede ser un fuerte-o, como diría Zeca Dirceu, un «tigre» -, pero la Reforma de la Previdencia será aprobada o no por los políticos y son ellos, los políticos, que más necesitan salir abiertamente en su defensa. El eventual desgaste político con parcelas de la base electoral no puede prevalecer sobre el desgaste general del gobierno con la sociedad al no presentar los resultados imperativos.

Todos se sintieron que el ministro estaba un tanto solo en el papel incómodo de defender lo que es esencial para el país. No van a perder tiempo y van a hacer lo que fueron elegidos para hacer, por gentileza.

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