Ponencia de Federico Rabino, Director Ejecutivo del Instituto Fernando de la Mora, en el 2˚ Encuentro Regional de Jóvenes Liberales llevado a cabo en Corrientes, República Argentina.

Fascistas, misóginos, machistas y por supuesto el infaltable neoliberal ¿Cuántas veces nos ha pasado que al no comprender lo que defendemos nos llaman algo que no solo no somos sino que repudiamos?

Muchos pueden estar preguntándose el porqué del título de la charla y a mi me gustaría saber ¿Cuantos han expresado sus ideas ya sea en una clase, en una reunión política, familiar o con amigos?

¿Cuál ha sido la respuesta que han recibido? Generalmente se suele recibir como respuesta, aquellos adjetivos calificativos que ya he mencionado.

Este tipo de respuestas, generalmente son empleadas por aquellas personas que no pueden o no saben como contra argumentar esas ideas expuestas por nosotros y recurren a la falacia ad hominem. Déjenme contarles una pequeña anécdota.

Viernes 22 de abril del 2017, asistí al modulo de Derecho Diplomático y Consular de la maestría en Relaciones Internacionales y Diplomacia. En medio de su disertación el docente, quien es un filósofo reconocido en mi país, expresó que un Estado racionalista es uno en donde la igualdad y la equidad son logradas. Al escuchar aquella postura, intervine preguntado a que se refería con igualdad, siendo que todos los individuos pertenecientes al Paraguay somos iguales ante la ley. Y que es esta la única igualdad a la que se puede aspirar entre los seres humanos y no así la igualdad económica, de capacidades, entre otras.

Esta pequeña intervención derivó en uno de los debates más pronunciados que he tenido que vivir, duró aproximadamente 40 minutos. En un momento dado, el docente, ofuscado, golpeó la mesa y frente al pleno del auditorio me gritó “sos un alienado, fascista, vos querés que los pobres sigan siendo pobres”.

Para no hacer más larga la historia, lo único que respondí fue, fascista no puedo ser debido a que desde el comienzo he mencionado que respeto y busco que se respete la vida, la libertad y la propiedad privada del individuo.

Este es un ejemplo de como las personas intentarán a través de la utilización de la falacia ad hominem hacerles quedar en ridículo. Pero ¿Cual es el objetivo de quienes actúan de esta manera?

La censura pero no muchas veces una que se nos imponga sino una que nos autoimponemos ya sea por miedo, vergüenza o inseguridad que nos genera el rechazo parcial o total del plenario.

Es por eso que una de las cuestiones que deben tener siempre en consideración a la hora de debatir es que las ideas liberales o libertarias no son populares.

Por eso es menester que cuando hablamos de libertad, dejemos bien claro que nos estamos refiriendo a aquel valor supremo de todo individuo, debido a que la misma forma parte de la esencia misma de todo ser humano. Ninguno de los que nos encontramos acá presente somos iguales en gustos, proyectos u otros aspectos de la vida. Lo único que nos une es el irrestricto compromiso en defender la libertad, hasta como decía Hayek de una manera dogmática.

Porque cuando defendemos la libertad, defendemos la facultad de que cada individuo tenga la potestad para diseñar o planificar la vida que quiera llevar sin doblegar la libertad de los demás; de poder decidir que es aquello beneficioso o no para él mismo. Defendemos aquel axioma denominado principio de no agresión, aquel que fuera esbozado por Locke, Rand, Rothbard, es decir que ningún hombre ni grupo de hombres puede cometer una agresión contra la persona o la propiedad de alguna otra persona.

No en vano, Victor Hugo sostenía que las ideas son mucho más importantes que los ejércitos. Y ¿Qué ocurre cuando permitimos que se nos avasalle? El ejemplo más inmediato y cercano es Venezuela.

Para esto es importante comprender que el liberalismo no se encuentra reducido en la economía del libre mercado, aranceles bajos, gastos públicos controlados, entre otras sino que es un estilo de vida cimentado en la tolerancia, en el respeto, en la cooperación voluntaria entre los individuos, entre otros valores. La economía de libre mercado es una pieza fundamental del liberalismo pero no es la única.

El liberalismo o mejor dicho la libertad no se encontró siempre presente entre los hombres. Imagínense en la época pre colombina, todos pertenecientes a una tribu, siendo todo menos libre. Hayek nos dice que la libertad es una construcción de la civilización y el laureado premio Nobel, Vargas Llosa, en su último libro ha escrito que la más hermosa y misteriosa de las creaciones humanas es la cultura de la libertad.

Nosotros no podemos sentir vergüenza alguna, las ideas que defendemos no fueron las que ejecutaron a aquellas personas que cruzaban un muro porque deseaban tener un mejor porvenir, no fueron las que mataron de inanición a cantidades inmensas de individuos, no fueron ni son las que obligan día a día a los individuos a aventurarse en el desierto Gobi o cruzar el mar en balsas precarias. Quienes defienden estas ideas que son contrarias a la libertad son las que deberían sentir vergüenza. Por eso recalco, nosotros no.

Y si nosotros callamos, nos volvemos indiferentes y cómplices ante las constantes intenciones de socavar con nuestras libertades que con tanto trabajo se han logrado conseguir. Esto es inadmisible, nosotros debemos, a pesar de los constantes atropellos y embates, seguir defendiendo la libertad en todos los espacios.

La importancia de esta defensa radica en lo que Lord Acton nos mencionaba “La libertad no es un medio para alcanzar un fin político más alto. Es en sí misma el fin político más alto”

Por eso, si nosotros permitimos que la libertad sea censurada o nosotros la autocensuramos por el motivo que sea estamos contribuyendo a la descomposición de la sociedad y a la instauración de gobiernos totalitarios.

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